ü “Los rumores siempre son verdad. Cuando se les limpia de mentiras y de excesos, siempre queda un núcleo de verdad. Y eso es lo que uno debe de buscar”.5
Y me gustaron porque, al margen de que sean o no auténtico reflejo de la sociedad china de hogaño, reflejan muy bien la situación actual por la que atraviesa nuestro País; y cuya reflexión, opino, debería constituir una especie de “deporte nacional”; más que el futbol.
El principal fallo de la sociedad mexicana es su ignorancia; uno no puede construir gobierno (democrático, honesto, eficaz, etc.) a partir de una sociedad corrupta, apática o inculta. Uno cree cuando sabe poco, porque al ignorante no le queda más que eso, la credulidad, como herramienta para conocer el mundo. Incapaz de estudiar, de investigar, de interrogarse y, por ende, de pensar por sí mismo.
Y si duda de la validez de la segunda premisa, mire a su alrededor: Somos campeones en escurrir el bulto. Los medios de comunicación dan cuenta el día de ayer, 28 de mayo, de que el Presidente Enrique Peña Nieto promulgó una reforma que da paso al “Sistema Nacional Anticorrupción”; y no solo eso; sino que, tajante y eufórico, afirmó: “Que será vencida la incredulidad sobre la capacidad de México para erradicar el cohecho, la extorsión y el tráfico de influencias”. De mis 47 lectores no tengo ni idea cuál sea su promedio de edad, pero ¿recuerdan los mayorcitos (arriba de 45 años de edad) el eje de campaña del Presidente Miguel de la Madrid? ¡Ese mero! “La renovación moral”. Así la refirió en su discurso como candidato a la Presidencia de la República, Miguel de la Madrid Hurtado, pronunciado en la reunión del Instituto de Estudios Políticos, Económicos y Sociales (IEPES), el domingo 7 de marzo de 1882.7 30 años, un mes y 21 días después, los mexicanos seguimos exactamente en el mismo punto. ¿Asumir la responsabilidad personal? ¿Quién? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde? Por último, ¿para qué?
Lo que nos lleva de cabeza al meollo de la tercera frase: Estamos muy lejos, como nación, de construir una noción de sociedad sobre la premisa de la honradez individual. Y no se trata del socialismo, del capitalismo, del liberalismo ni de ningún otro “ismo” habido o por haber, no, es solo que nada puede funcionar y crecer si no existe esa imprescindible decencia ciudadana.
Y en un párrafo expongo mi opinión sobre el affaire Lorenzo Córdova: Me da pereza. Es obvio que nadie, con independencia de su origen étnico, grado de escolaridad, posición económica, etc., está legitimado para denigrar a otra persona. No existe justificación para discriminar al otro, para sobajarlo, para burlarse de él (por eso, Córdova no tiene defensa). Sin embargo, me parece de una hipocresía pavorosa pretender que la mayoría de los ciudadanos que habitamos este País podemos hacer alarde de “corrección política” en el ámbito de nuestra vida privada. Y para mí ahí se centra el quid del asunto; nada hay que sirva para justificar las expresiones de Córdova Vianello, pero no podemos olvidar que se trataba de una conversación privada obtenida por medio ilícitos. Sospechosamente, la opinión pública se horrorizó del dicho de Córdova, pero nadie exigió conocer la identidad del delincuente que se hizo, ilegalmente, del audio, para difundirlo después.
La nuestra es una sociedad de moral esquizoide, sin pies ni cabeza, arbitraria, atrabiliaria y, con frecuencia, orientada por un interés mezquino.
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