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Buenos ejemplos en peligro de extinción…por Aída María Holguín

 

Cuando se habla de enseñanza, generalmente nos enfocamos al proceso de transmisión de conocimientos en las aulas; es decir, en todos aquellos conocimientos téoricos-pácticos que los maestros transmiten a sus alumnos en la escuela, pero se está dejando en el olvido el hecho de que los buenos ejemplos -tanto en aulas como en la vida familiar- son igual o más importantes en el proceso de formación de los seres humanos.

Si bien es cierto que “los ejemplo” son una herramienta frecuentemente utilizada por los académicos para que la teoría sea mejor comprendida y aplicada por los alumnos, y que también es usada -con diversos fines- por los miembros mayores de una familia hacia los miembros menores; también es cierto que en la mayoría de los casos “el ejemplo” suele quedar solo en términos teóricos -en el mejor de los casos-.

Dicho en otras palabras, en el caso de los maestros, los ejemplos generalmente se usan en el aula como herramienta didáctica para lograr los objetivos de los planes y programas de estudio; mientras que en el seno familiar, los ejemplos frecuentemente sirven para intimidar a alguno de sus miembros.

Actualmente, en ambos casos (escuela y familia) raras veces se predica con el ejemplo -al menos no con el bueno-; lo cual, disminuye de manera considerable la calidad de la formación integral de los alumnos o los hijos; es decir, la manera en que éstos se desenvuelven ante -y dentro- de la sociedad.

Para “aterrizar” lo anterior, y ya que hablamos de ejemplos, tomemos algunos de ellos para su reflexión.

Maestros -de todos los niveles educativos- cuya ortografía, redacción, vocabulario y/o puntualidad dejan mucho que desear, maximizan la posibilidad de que la fuerza laboral -con o sin profesión- tenga las mismas deficiencias.

Padres de familia que por no levantarse más temprano manejan a exceso de velocidad, crearán alumnos y/o trabajadores impuntuales, cafres del volante y/o posibles homicidas “involuntarios”.

Padres violentos (en cualquiera de sus manifestaciones), crearan hijos agresivos.

Maestros que no se actualizan académicamente, no incentivarán a sus alumnos en ese sentido.

Maestros y padres de familia cuya relación es irrespetuosa, aumentan la probabilidad de que sus alumnos y/o hijos actúen sin respeto hacia los demás.

Maestros que aceptan sobornos de los alumnos, y padres que ofrecen “mordidas”, formarán seres humanos acostumbrados a prácticas de corrupción (y de esos nos sobran).

En fin, ejemplos podemos citar muchos, pero el caso es que poco a poco se ha ido olvidando que la congruencia entre el decir, el hacer y el pensar es parte fundamental para un verdadero desarrollo social y humano.

Con tan solo unos cuantos ejemplos, es posible visualizar un círculo vicioso cuya circunferencia va en aumento; de ahí la importancia de reflexionar respecto a la función y responsabilidad que la escuela y el hogar tienen al ser las principales instituciones formadoras del ser humano.

Si las cosas siguen igual; es decir, “educando” y transmitiendo conocimientos sin profesionalismo, sin ética, sin valores y sin principios, entonces no esperemos que México mejore; pero, si realmente queremos vivir en un México mejor, comencemos a predicar con el buen ejemplo; solo basta con conducirnos con profesionalismo y en apego a normas éticas, principios y valores.

En esta ocasión, finalizo con un sencillo, pero acertado proverbio suizo: “Las palabras son enanos, los ejemplos son gigantes”.

Aída María Holguín Baeza

Correo: laecita@gmail.com

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