La mordaza interna del PAN en Chihuahua
Por Vicente Aceves Franco
Llegar al poder con el respaldo de un partido para luego gobernar con el látigo del silencio no es liderazgo: es autoritarismo barato. Lo que hoy ocurre en el PAN de Chihuahua es la radiografía de una dirigencia y un Ejecutivo que confunden lealtad con sometimiento absoluto.
Cuando expresarse de manera diferente dentro del propio gobierno se convierte en una sentencia de muerte política, el debate se anula y la democracia se pudre.
Las decisiones no las toma una fuerza política viva, sino un club reducido de funcionarios aterrados por perder el hueso o revanchistas dispuestos a cobrar la factura a cualquier costo.
La ruptura con sus aliados históricos no es un simple choque de aspiraciones electorales; es el símbolo del deterioro moral de un proyecto que prometió ser distinto.
Las fracturas actuales del panismo chihuahuense no son producto de los ataques de la oposición, son fuego amigo, engendrado por la soberbia administrativa y la incapacidad de tolerar la crítica interna.
Si Acción Nacional cree que alcanzará la contienda electoral aplastando el disenso y castigando la independencia de quien los ayudó a llegar al Palacio de Gobierno, se equivoca radicalmente.
El poder que no respeta a su propia militancia termina sumido en la soledad y el cobro de facturas en las urnas.
La pregunta no es si la gobernadora puede controlar el silencio de sus funcionarios, sino cuánto tiempo más resistirá el PAN antes de quebrarse por completo.La mordaza interna del PAN en Chihuahua
Por Vicente Aceves Franco
Llegar al poder con el respaldo de un partido para luego gobernar con el látigo del silencio no es liderazgo: es autoritarismo barato. Lo que hoy ocurre en el PAN de Chihuahua es la radiografía de una dirigencia y un Ejecutivo que confunden lealtad con sometimiento absoluto.
Cuando expresarse de manera diferente dentro del propio gobierno se convierte en una sentencia de muerte política, el debate se anula y la democracia se pudre.
Las decisiones no las toma una fuerza política viva, sino un club reducido de funcionarios aterrados por perder el hueso o revanchistas dispuestos a cobrar la factura a cualquier costo.
La ruptura con sus aliados históricos no es un simple choque de aspiraciones electorales; es el símbolo del deterioro moral de un proyecto que prometió ser distinto.
Las fracturas actuales del panismo chihuahuense no son producto de los ataques de la oposición, son fuego amigo, engendrado por la soberbia administrativa y la incapacidad de tolerar la crítica interna.
Si Acción Nacional cree que alcanzará la contienda electoral aplastando el disenso y castigando la independencia de quien los ayudó a llegar al Palacio de Gobierno, se equivoca radicalmente.
El poder que no respeta a su propia militancia termina sumido en la soledad y el cobro de facturas en las urnas.
La pregunta no es si la gobernadora puede controlar el silencio de sus funcionarios, sino cuánto tiempo más resistirá el PAN antes de quebrarse por completo.



