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Pesar por la partida de Armando Gaytán Saldívar

Un hombre que dejó profunda huella en Chihuahua

Armando Gaytán, el guerrillero del MAR

Flor García Rufino*

La mañana de este domingo 18 de octubre, falleció en la ciudad de Chihuahua Armando Otto Gaytán Saldívar El Bigos, luego de sufrir dos accidentes cardiovasculares que lo dejaron sin posibilidades de recuperación.

Armando nació en el pueblo Ignacio Zaragoza, Chih. el 14 de noviembre de 1948, fue el cuarto de nueve hijos del matrimonio formado por Edmundo Gaytán y Laura Elena Saldívar. Desde su niñez, Armando recibió de sus padres el ejemplo de solidaridad humana y, en su adolescencia, desarrolló la consciencia social a través de las acciones y enseñanzas de su padre y de otros habitantes del pueblo con ideas progresistas como José María Flores, Jesús Chávez y el doctor Raúl Peña, quien organizaba entre los jóvenes del pueblo círculos de estudio, teniendo así su primer contacto con lecturas revolucionarias.

Cuando Armando todavía no cumplía los 17 años, ocurrió el asalto al cuartel de ciudad Madera, acción en la que habían tomado parte su primo Salomón Gaytán y sus sobrinos Antonio y Guadalupe Scobell, lo que provocó una constante vigilancia a todos los Gaytán, despertando en los jóvenes de la familia una natural rebeldía contra el autoritarismo del estado.

A los 18 años, Armando emigró a la capital del estado para continuar con sus estudios profesionales, ingresando a la Escuela de Ganadería de la Universidad. Muy pronto fue invitado a integrarse a las juventudes del Partido Comunista, donde se sintió entusiasmado y dispuesto a colaborar en lo que hiciera falta, haciéndose cargo de la distribución del periódico del partido, La Voz de México. Inmerso en sus estudios y las actividades de las juventudes comunistas, lo sorprendió el surgimiento del movimiento estudiantil de 1968 y los rumores sobre la continuación de la guerrilla en la Sierra de Chihuahua encabezada por Óscar González Eguiarte, en la que nuevamente los Gaytán de Madera se encontraban involucrados.

La Universidad de Chihuahua acordó enviar a tres representantes para apoyar la huelga estudiantil en la Ciudad de México, y Armando fue elegido por parte de su escuela. Los tres enviados pernoctaron en el campamento que se había instalado en la torre de Economía de la UNAM, se integraron activamente a las brigadas, y les tocó asistir a la marcha del silencio. En esos días Armando se enteró por los periódicos de la ejecución de los guerrilleros de Chihuahua en el poblado de Tesopaco, Sonora.

El 18 de septiembre de 1968, Armando y sus compañeros se encontraban en sesión en el auditorio de la Facultad de Medicina, cuando el ejército entró a Ciudad Universitaria y fueron apresados y trasladados a Lecumberri, donde Armando y uno de sus compañeros permanecieron 10 días, pero el tercer compañero estuvo preso por tres meses. Los dos liberados, decidieron reintegrarse a las actividades, y el 2 de octubre, al no contar con dinero para el transporte, se dirigían a pie a la Plaza de las Tres Culturas, cuando poco antes de llegar observaron el movimiento de los soldados y minutos después se encontraron con los estudiantes que habían logrado salir de la zona. Tras los trágicos hechos, regresaron a Chihuahua; Armando, convencido de la cerrazón del gobierno para dialogar y de la necesidad de la lucha revolucionaria. Un año después, en la conmemoración del aniversario de la masacre de Tlatelolco, fue contactado por un joven que lo invitó a una organización clandestina. Tras varias entrevistas, Armando se convenció de que el movimiento era serio y aceptó no solamente integrarse, sino reclutar a otros compañeros. Así fue que se convirtió en militante del Movimiento de Acción Revolucionaria (MAR) y en 1970 formó parte del tercer grupo enviado a Corea del Norte para recibir entrenamiento político y militar.

Durante 10 años se mantuvo en la clandestinidad, realizando diversas acciones en todo el país y convirtiéndose en uno de los dirigentes del MAR. A la organización también se integraron su hermano mayor Óscar Javier, quien fue aprehendido y desaparecido en 1974, y su hermana menor, Laura Elena, quien fue detenida en Michoacán en 1979, días después de que su compañero militante y sentimental, el dirigente, José Luis Martínez, fuera asesinado junto con el compañero Elín Santiago, y de que Armando, la compañera y paisana Elda Nevárez y otros militantes fueran aprehendidos en Torreón, Coahuila.

Este fue el golpe final para la organización. Los detenidos fueron trasladados a los calabozos del Campo Militar No. 1 donde fueron torturados y desparecidos por meses. La denuncia pública y las protestas constantes de las “doñas”, lideradas por Rosario Ibarra de Piedra, consiguieron a los tres meses la liberación de cinco de los detenidos: un compañero y cuatro mujeres, entre ellas, Laura Elena y Elda. Todas eran madres de hijos pequeños que las acompañaban durante la detención y tuvieron que dejarlos a resguardo. Armando permaneció en el oscuro sótano durante nueve meses, durante los cuales, su madre se mantuvo firme exigiendo su presentación con vida, como llevaba años haciéndolo por su otro hijo, Óscar Javier, quien hasta la fecha continúa desaparecido.

Tras su liberación, Armando se integró, al igual que Laura y Elda, al Comité Eureka, desde donde han continuado la lucha por los desaparecidos políticos. Armando se integró a diversos grupos políticos y sociales, manteniendo el activismo toda su vida. En 2016 fue entrevistado ampliamente por Jesús Vargas Valdez, surgiendo de estas conversaciones el libro Armando la utopía, Gaytán el guerrillero del MAR que fue publicado en 2025.

Hasta el final, Armando conservó una mirada crítica, decisión y valentía, pero también la sencillez, la sensibilidad, la ternura y la generosidad.

Armando, con cariño y admiración, preservaremos la memoria de tu intensa y ejemplar vida. ¡Hasta la victoria, siempre!

* Historiadora. Coautora del libro Casavantes. El guerrillero del infortunio