Opinión. Oscar Contreras.
La próxima gran central eléctrica no se conectará a ninguna subestación. Despegará en un cohete. En órbita, paneles solares pueden recibir energía continua y aplicarla a cómputo. La lógica es poderosa. En tierra, un centro de datos necesita una conexión eléctrica que puede tardar años. Será el inicio de una nueva industria. La electricidad, el cómputo y las comunicaciones se comprarán directamente en el espacio.
La Agencia Internacional de Energía proyecta que el consumo eléctrico mundial de los centros de datos casi se duplicará entre 2025 y 2030. No basta con producir energía; hay que llevarla al lugar correcto. Hacen falta líneas, subestaciones, transformadores y tiempo.
Hoy SpaceX ya habla de satélites diseñados para llevar cómputo a órbita, y ahí aparece una ventaja difícil de copiar: su filial de inteligencia artificial, xAI, necesita cantidades enormes de cómputo; SpaceX controla los cohetes, fabrica satélites a gran escala y opera Starlink, su servicio de internet que comunicará los datos a la Tierra. Con esas piezas, no tendría que esperar años por una nueva subestación para ampliar capacidad. Podría simplemente lanzar otra. Su primera arquitectura pública, AI1, apunta a unos 175 kilovatios de cómputo promedio por satélite. La empresa dice que quiere fabricar miles de ellos desde finales de 2027.
Google, además, tiene Project Suncatcher, con un primer piloto en órbita, y muy probablemente no será el único competidor. La carrera ya no sería solamente por tener el mejor modelo de inteligencia artificial. Sería por controlar toda la infraestructura que lo alimenta.
La escala propuesta es difícil de imaginar. En su prospecto de 2026, SpaceX plantea que incluso desplegar alrededor de 10 gigavatios de cómputo orbital al año podría formar un negocio atractivo. Su ambición de largo plazo llega a 100 gigavatios anuales. Eso equivale, en potencia continua, a una fracción enorme de la generación eléctrica de un país. Para llegar ahí necesitaría miles de satélites, una cadencia de lanzamientos que todavía no existe y una cadena industrial capaz de reemplazar hardware constantemente.
Pero el espacio no elimina la física. El calor no desaparece en el vacío: hay que expulsarlo mediante grandes radiadores. La radiación degrada chips y paneles solares. Reparar un servidor es mucho más difícil cuando está a cientos de kilómetros de altura. Cada kilogramo cuesta dinero para llegar a órbita, y el hardware de IA envejece rápido. La ventaja sólo aparecerá cuando se reduzca suficientemente el costo de lanzamiento, fabricación y operación.
Antes de terminar 2030, se espera que tan solo SpaceXAI tendrá al menos un gigavatio de cómputo operando en órbita, habiendo demostrado que la economía funciona. No será solamente otro centro de datos. La ventaja será controlar el lugar donde el cómputo puede darse con acceso las 24 horas a energía directa y gratuita. El futuro de la energía estará orbitando sobre tu cabeza.
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Oscar Contreras.
El sentido empieza en casa.



