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​La anatomía de la resistencia: Cuando el privilegio se disfraza de crisis… por Vicente Aceves

Análisis político sobre la realidad nacional

​No es casualidad, no es generación espontánea y mucho menos un repentino despertar de la conciencia social. La simultaneidad de manifestaciones, bloqueos y gritos de auxilio en diversos sectores del país responde a una lógica precisa: la derecha del PRIAN como reacción coordinada de una estructura que se resiste a perder las prerrogativas con las que operó durante décadas.
​Cuando se toca la fibra de la corrupción sistémica, el impacto no se limita al escritorio de un funcionario; sacude por completo una intrincada red de complicidades construida con minuciosa paciencia.

Lo que hoy atestiguamos es el despliegue defensivo de la derecha de una constelación de intereses que salta al ruedo no para defender al ciudadano, sino para blindar sus cotos de poder.

​El bastión de la salud: El IMSS y el ISSSTE como botín.

​Durante años, la salud pública funcionó como una de las cajas chicas más lucrativas e impunes.
Bajo la fachada del servicio institucional, se gestó un modelo de privatización silenciosa apuntalado por contratos de proveeduría leoninos, compras a sobreprecio y la fuga sistemática de medicamentos hacia el mercado negro, sin olvidar el control interesado de bases de datos estratégicas.

​Hoy, la respuesta ante la interrupción de ese saqueo hormiga y el freno a la entrega del patrimonio público es la orquestación de una narrativa de colapso.
Se manipula la zozobra y se impulsan movilizaciones de choque para gritar que el sistema se derrumba, cuando lo que en realidad se ha fracturado es el flujo irrestricto de recursos hacia manos privadas.

​La resistencia al cambio, el patrón se repite en cada frente donde se decide pasar la báscula de la transparencia.
La pérdida de intermediación de liderazgos acostumbrados al chantaje, sumada a la cancelación de esquemas de contratación opacos, genera un frente común donde las carencias reales del usuario son instrumentalizadas para presionar la restitución del viejo orden.

​Toda transformación profunda acarrea fricción.
Pero es indispensable aprender a distinguir entre la protesta legítima de quien exige un derecho y la estrategia mediática de quienes articulan el descontento para que nada cambie.

La crisis que hoy argumenta la derecha no nace de la falta de capacidad institucional, sino del síndrome de abstinencia de un sistema de privilegios al que, finalmente, le han cerrado la llave.