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La reacción conservadora: El pataleo de un viejo régimen ante la reconstrucción nacional… por Vicente Aceves

Editorial sobre la realidad mexicana hoy

​En la historia de las grandes transformaciones sociales, ningún proceso de depuración institucional ha ocurrido en calma.

Cada vez que la soberanía popular decide cerrar la llave del saqueo y recuperar las riendas del Estado, las fuerzas que durante décadas lucraron con el patrimonio público reaccionan con virulencia, coordinando esfuerzos para sembrar la percepción de caos y desestabilizar la vida pública.

​Lo que hoy atestiguamos en las calles y en las redes sociales no son expresiones espontáneas de descontento ciudadano, sino la movilización articulada de una derecha conservadora que ha visto trastocados sus intereses económicos y políticos más profundos.

Tras más de sesenta años de hegemonía donde el Estado fue moldeado como un negocio privado, la pérdida de moches, contratos leoninos y prerrogativas no se asimila con madurez democrática, sino con el intento desesperado de incendiar la opinión pública.

​El uso de fachadas y la guerra de narrativas
​Cada etiqueta en tendencias digitales, cada marcha orquestada y cada toma de instalaciones responde a un mapa perfectamente trazado.
Al no contar con el respaldo de las urnas ni con la legitimidad de un proyecto de nación incluyente, los grupos oligárquicos y sus voceros han optado por instrumentalizar las causas de diversos gremios, convirtiéndolos en escudos humanos para golpear al proyecto de transformación.

​Desde los despachos corporativos hasta los colectivos creados a modo, la estrategia es clara: desgastar a la administración actual, sabotear las auditorías y proyectar la falsa idea de que el país se desmorona.

Sin embargo, detrás del estruendo mediático no hay un proyecto alternativo de país; solo está el anhelo de reinstaurar el modelo de impunidad donde unos cuantos decidían el destino de la mayoría.

​Soberanía frente al embate exterior e interior
​Esta resistencia interna no opera de manera aislada. Se articula con presiones e intereses geopolíticos —particularmente desde las esferas de poder en los Estados Unidos y hegemonías financieras externas— que ven con recelo a un México decidido a defender su soberanía energética, alimentaria y presupuestal.

La alianza entre la derecha local y los factores de presión extranjeros busca minar el apoyo popular para recuperar el control sobre los recursos estratégicos de la nación.

​Limpiar las instituciones, erradicar la corrupción encarnada en las estructuras del Estado y reconstruir el tejido social no es una tarea sencilla ni inmediata.

Exige una ciudadanía informada, crítica y consciente de la naturaleza del conflicto histórico que se libra.

Defender la transformación significa aprender a leer entre líneas, identificar quiénes financian el ruido en las calles y comprender que el llanto de los grupos conservadores es la prueba más clara de que los privilegios perdidos no volverán a ser el motor de la política nacional.