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Camargo entre el barro y la desidia… por Vicente Aceves

Análisis político sobre la realidad mexicana

Camargo entre el barro y la desidia de Aldana el ineficaz: El colapso del gobierno de las excusas
Por Vicente Aceves Franco

Camargo ya no se transita; se navega, se sortea y se sufre. Transitar hoy por las calles del municipio no es un ejercicio de movilidad urbana, sino una carrera de obstáculos donde el ciudadano promedio arriesga el patrimonio familiar en cada esquina.

Zanjas que parecen trincheras, baches que devoran neumáticos y un asfalto podrido por el abandono son la postal cotidiana de una ciudad que se cae a pedazos mientras la autoridad municipal observa desde la comodidad del escritorio.
La indignación social que hoy inunda las redes sociales no es un invento de la oposición ni una conspiración mediática, como pretende excusarse la administración de Jorge Aldana.

Es la realidad pura y dura.

El clamor popular no nace en un comité político; nace en la suspensión rota del automovilista que trabaja día a día, en el camión de transporte que se deforma en las avenidas principales y en el vecino que debe colocar llantas viejas o ramas para evitar que un socavón termine en tragedia.
La respuesta oficial ante esta crisis ha sido tan endeble como el propio material con el que intentan tapar los pozos.

Nos han vendido discursos de programas “permanentes” y maquetas de inversión, pero en la práctica, la estrategia no ha pasado de ser un cosmético fallido: el eterno “parcheo” electoral.

Aplicar mezcla asfáltica sin atender el problema de fondo sin perfilado, sin drenaje adecuado y sobre bases podridas no es mantenimiento; es tirar el dinero de los contribuyentes a la basura.
Con la primera lluvia, el asfalto se lava y la realidad vuelve a florecer, dejando al descubierto la improvisación técnica y la falta de planeación.

Es verdad que el desgaste de la infraestructura vial arrastra rezagos de administraciones pasadas y que las lluvias estacionales golpean con fuerza. Pero asumir un cargo público implica resolver problemas, no coleccionar pretextos.
Atribuir el reclamo ciudadano a “ataques políticos” es una falta de respeto hacia una población que paga sus impuestos y exige vialidades dignas.

Gobernar no es justificar la inoperancia; es dar resultados.

Camargo no necesita más boletines de prensa anunciando máquinas milagrosas ni discursos victimistas sobre la oposición.
Lo que la ciudad exige con urgencia es una reingeniería presupuestal seria, un plan de recarpeteo integral y la valentía política para priorizar la infraestructura básica por encima de la pirotecnia mediática.

Si la actual administración no es capaz de garantizar el libre y seguro tránsito por sus propias avenidas, ¿qué le queda entonces al ciudadano?

El pavimento de Camargo se ha deshecho, y con él, la paciencia de una ciudadanía cansada de pagar las facturas de la incompetencia. La pelota está en el terreno del alcalde.
O se asume la responsabilidad con obras de calidad, o la historia registrará a esta gestión no por sus discursos, sino por los hoyos que dejó en el camino.