El torniquete del Norte: El costo del chantaje en las urnas
Por Vicente Aceves Franco
El claro revés sufrido por el Partido Republicano y el progresivo acotamiento de la influencia política de Donald Trump confirman una lección implacable, la doctrina del chantaje sistemático no solo erosiona la estabilidad internacional, sino que termina por agotar al propio electorado.
La estrategia de utilizar a México y al Triángulo Norte de Centroamérica (Guatemala, Honduras y El Salvador) como piezas de consumo para la política interna estadounidense ha mostrado su factura en los comicios.
La falacia proteccionista y la factura electoral
La amenaza permanente de aplicar aranceles punitivos enturbió las certidumbres del TMEC, frenó el dinamismo del nearshoring en México y encareció insumos estructurales en Centroamérica.
Sin embargo, este proteccionismo unilateral lejos de blindar el mercado estadounidense, alimentó la espiral inflacionaria e incrementó el costo de vida de los propios consumidores, convirtiendo la economía en el principal catalizador del voto de castigo contra el oficialismo.
El colapso del enfoque punitivo
En el ámbito social, la retórica centrada en deportaciones masivas y la amenaza recurrente sobre las remesas, pilar de subsistencia para millones de familias en la región buscaron rentabilizar la polarización.
Al intentar asfixiar a los socios geográficos más inmediatos, Washington solo profundizó los factores de inestabilidad regional. La falta de soluciones estructurales generó un rechazo masivo por parte del electorado moderado hacia una agenda dominada por la confrontación permanente.
Un cambio de rumbo indispensable
La derrota política del proyecto republicano transmite un mensaje inequívoco, la gobernabilidad y la seguridad nacional no pueden construirse a partir de la estrangulación económica del vecino.
Para las administraciones de la región, el nuevo escenario abre un margen estratégico para demandar a Washington una diplomacia pragmática y de respeto mutuo, fundada en el reconocimiento de que la prosperidad de Norteamérica es inseparable de la estabilidad de México y Centroamérica.



