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La verdad del caso Soriana (II de II partes) …por Luis Villegas


No fue casual ver esa alharaca rumbosa y vocinglera, a cargo de integrantes de la izquierda —esa izquierda seducida  por novedoso ismos: indigenismo, ambientalismo, derechohumanismo e ideología de género, subdividida en feminismo, abortismo y homosexualismo cultural—,1 defendiendo por las redes sociales el estropicio. De un tiempo a la fecha su verdad, única e irrepetible, es aquella que les nace de los tompiates;2 y mientras pueden violar las leyes a placer si en su opinión son injustas. Es más, no puede uno voltearlos a ver feo porque ya están que se arrancan los pelos de coraje y rezando un letanía de convenciones internacionales que da náusea.

Volviendo al punto, tenemos que yo ni loco defendería a Soriana, pero es absurdo enfocar todo el odio o frustración en esa empresa, a raíz de un incidente aislado, propiciado por una panda de criminales quienes, además, es seguro que no repararon en el hecho de que las empresas nunca pierden, así que alguien va a pagar los platos rotos y no van a ser los capitalistas voraces y despiadados. Sería interesante ver cómo va Soriana a desquitarse: si cobrándole al empleado su error (que a lo mejor no terminó ni la escuela primaria), al supervisor o al gerente; sin contar que muchos de esos trabajadores fueron afrentados, vejados, humillados y atacados por pacíficos y honorables clientes/compradores/vándalos.

Como sea, resulta estúpido afirmar que la empresa privó ilegalmente de la libertad a un grupo de personas o que las torturó al dejarlas sin luz o aire acondicionado; los rufianes bien podrían haber optado por irse sin su “compra”; es decir, se quedaron ahí por propia voluntad, alentados por su cínica y desmesurada voracidad.

Por lo que hace a la PROFECO, si no hay modo de defender los actos vandálicos ni la palmaria incapacidad de Soriana para resolver el asunto sin que la sangre llegara al río, menos la gestión de esta dependencia que mostró una ineptitud rayana en la imbecilidad; como ha venido ocurriendo de un tempo a la fecha, en multitud de temas, la autoridad, lejos de mostrarse como tal, se plegó a las exigencias ilícitas de un grupito de mentecatos.

La PROFECO no debía ni podía actuar como lo hizo por la simple, lisa y llana razón de que no había nada como una “oferta” de pantallas a 11 pesos; si existe duda sobre las funciones, la naturaleza o los alcances del punto como signo ortográfico (y no la hay), los tres guarismos colocados después del mismo tenían un claro significado porque, como ya escribí, de acuerdo al diccionario, los centavos son múltiplos de cien,3 no de mil. De ese modo, el fallo administrativo a favor de los rijosos asaltantes, es una piedrita más al montón de injusticias e impunidad que caracterizan este México de principios de siglo.

Desde el momento en que un grupúsculo, amparados sólo por una astucia mercenaria y elemental (ésa no es inteligencia), sin ningún derecho, impone su Ley de la Selva, con el auxilio o reconocimiento de la propia autoridad, garante, se supone, del orden y de la legalidad, ya nos llevó patas de catre como nación.

Por eso escribí desde la vez pasada que todo este asunto constituye un miniuniverso que nos describe a la perfección: ciudadanos envilecidos e hipócritas (sin que puedan faltar algunos envidiosos de la “buena suerte” ajena), empresarios cobardes y sin escrúpulos, autoridades arbitrarias e incompetentes e incluso espectadores atónitos con opiniones imbéciles, trastornados por un montón de creencias absurdas y mitos autoforjados, útiles para encauzar sus apetitos y egoísmo con un aire de respetabilidad.

En este tiempo que nos ha tocado vivir, tristemente, todo México es Soriana.

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Luis Villegas Montes.
luvimo6608@gmail.com, luvimo6614@hotmail.com

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