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La batalla por el agua… por Vicente Aceves

Análisis político sobre la realidad nacional

Foto de archivo: Camiones de agua para la Batalla Naval de Vallecas 1.jpg (Wikimedia Commons)

La batalla por el agua: El negocio del despojo y la resistencia al control

​Pocos recursos son tan vitales para la vida y la estabilidad de una nación como el agua; y precisamente por ello, pocos ámbitos han sido presa de un manejo tan discrecional, opaco y lucrativo como los organismos operadores del recurso hídrico en México.

​Durante décadas, la gestión del agua a nivel federal, estatal y municipal funcionó bajo una lógica de mercado negro institucionalizado.

A través de la Comisión Nacional del Agua (Conagua) y de múltiples sistemas locales, se tejió un entramado de concesiones amañadas, acaparamiento por parte de grandes intereses agroindustriales y corporativos, y un desvío sistemático de fondos destinados a la infraestructura básica.

En lugar de garantizar un derecho humano fundamental,con el PRIAN las tuberías y las cuencas se transformaron en botines políticos y cajas chicas de administraciones locales.

​Hoy que las labores de auditoría, regularización de concesiones y fiscalización del gasto entran a fondo en las tripas de estas dependencias, el costo de trastocar esos privilegios se hace evidente en las calles y en bloqueos carreteros.

La respuesta del viejo esquema no tarda en manifestarse: paros inducidos, suspensiones repentinas del suministro y movilizaciones locales orquestadas para simular una ineficiencia gubernamental.

​Detrás de la narrativa de “crisis de servicio” y descontento vecinal que con frecuencia se amplifica en regiones donde se audita el desfalco, subyace una estrategia calculada de desgaste político.

Los grupos que durante años lucraron con la escasez simulada y el control de los grifos utilizan hoy la desesperación del ciudadano como escudo para frenar la limpieza institucional.

​El agua no puede seguir siendo moneda de cambio ni trinchera para la preservación de cotos de poder.

La resistencia que se vive en los organismos hídricos no es un reclamo legítimo por un mejor servicio, sino la reacción desesperada de quienes ven amenazado un negocio multimillonario construido sobre la sed y la vulnerabilidad de la población.